jueves, julio 27, 2017

Rata de dos patas



La causa inspiradora de una canción no siempre es tal como la pensamos. Algunas nacen con un propósito que el colectivo cambia y ajusta a sus expectativas

Manuel Eduardo Toscano (nombre artístico de Norberto Eduardo Toscano López) es un compositor mexicano (Catemaco, Veracruz, 1952). Llegó a Ciudad de México a principios de los años 70 del siglo XX y allí ejerció diversos oficios, entre los que tuvo incluso que hacerse pasar por vendedor ambulante sordo. Tres años después aterrizó en el lugar a donde aspira llegar alguna gente interesada en la música: el universo de la composición. Su primera canción grabada pasó sin pena ni gloria, hasta el punto de ser casi totalmente desconocida; supone mi tía Eloína que posiblemente ello se debió a lo desafortunado del título: Mi flor amor.  No obstante, el autor persistió y en 1983 logra su primer éxito nacional con una pieza de título mucho más atractivo para el “despechismo” latinoamericano y que ya nos avisaba por dónde vendría: La canalla ( “voy a vestir a la moda, para que llore la canalla, para que sienta la canalla, para que sufra la canalla…”). Aferrado a esa primera pegada, fundaría después un grupo musical cuyo título no podía ser más curioso: Manuel Eduardo y sus canallas, integrado por puros meros machos. Tampoco este intento le traería la popularidad continental que tiene actualmente. Su éxito internacional está vinculado con algunas melodías posteriores. Una de ellas le ha dado la vuelta al mundo y ya ha sido versionada y traducida a varios idiomas: Rata de dos patas.
Es curiosa la historia detrás de la letra de este ¿bolero o antibolero? universal. Escucharla en labios de esa maravilla “melodiera” que es Paquita la del Barrio podría llevar a creer que, a juzgar por su letra, se trata de una arenga dirigida con furia incontenible a un esposo o amante que ha ocasionado un muy severo daño a la pareja femenina:
Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho.
Infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho.
Alimaña, culebra ponzoñosa, desecho de la vida, te odio y te desprecio.
Rata de dos patas, te estoy hablando a ti, porque un bicho rastrero,
aun siendo el más maldito, comparado contigo,
se queda muy chiquito.

Si nos fijamos en otros títulos del autor, cantados también por la misma intérprete,  pudiéramos  ratificar la hipótesis de la mujer herida que busca vengarse de un esposo perverso. Un ejemplo más puede ser Hombres malvados (“…hombres malvados ya les cantamos, o se componen o los capamos…”). Otra de sus canciones asemeja casi un antipoema de la década de los setenta: Me saludas a la tuya, compuesta, supone mi parienta, por si acaso alguna rata bípeda osare responder con un recordatorio de progenitora a lo tratado en  Rata de dos patas. Veamos parte de su letra:
Gracias, te agradezco tu cumplido,
y sin hacer tanta bulla,
te agradezco que también
me saludes a la tuya.

No obstante, parece que Rata de dos patas no tiene su origen en un despecho femenino. Lo primero que podríamos recordar es que fue escrita y musicalizada por un caballero.  Además, está dedicada subliminalmente a otro varón. Pero, ojo, nada que ver con preferencias por el mismo sexo.  Ya eso incita a una duda acerca de su referente; quién fue la persona capaz de generar esta sarta de calificativos. Según declaraciones del propio autor, la letra fue inspirada por la actuación poco santa de un político mexicano.
Curiosamente, el compositor también conocería después el mundo de la política por dentro. Eso le permitiría saber cómo se navega en ese difuso mar, principalmente cuando su emblema más importante es la corrupción. Toscano se desempeñó entre 2005 y 2007 como alcalde de Huatusco, municipio de su estado natal. Una insólita campaña electoral, en cuyos actos públicos solo cantaba, lo favoreció con el voto popular. Pero su actividad como burgomaestre resultó más que suficiente para que decidiera alejarse algo asqueado de dicho mundillo y regresar a lo suyo, la música.
Rata de dos patas llevaba varios años engavetada cuando, en 2001, la grabó la señora Francisca Viveros Barradas (archiconocida como Paquita la del Barrio) y la convirtió en una pieza inmortal. Una letra gruesa, potente, desprejuiciada, dedicada inicialmente a “dibujar” la personalidad de un funcionario público de alto rango, se convirtió a partir de ese momento en un himno femenino. Así ha permanecido. Sin embargo, es bueno recordar su origen de vez en cuando y tenerla presente por si acaso. Completo parte de su contenido para quien desee evocarla al momento de saludar a alguien a quien, para su beneficio o el de sus allegados, le guste disponer de los dineros públicos: “Maldita sanguijuela, maldita cucaracha, que infectas donde pisas, que hieres y que matas. Alimaña…”.
Y como estarán preguntándose quién fue el merecedor de tantos “elogios” disparados por Manuel Eduardo Toscano, pues, según alguna prensa mexicana, en mayo pasado, el compositor confesó en un programa de la tele que el auténtico inspirador de la pieza fue un caballero que gobernó México durante un lapso presidencial del siglo pasado. Pero hay más, el rollo pica y se extiende porque hace poco una imitadora transgénero de Paquita, ha parodiado la pieza, ahora dedicándola con nombres y apellidos al actual presidente de México y a su partido. De ser cierto todo esto, la moraleja de Eloína es que, cuando ocupan cargos públicos, y si carecen de estatura moral sólida,  los políticos corren el riesgo de convertirse en mamíferos roedores. Igualmente, se arriesgan a que, alguna vez, literalmente otros les “canten” sus verdades.


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