viernes, julio 28, 2017

"Papalogía"




Aunque no falten quienes lo consideren milagroso, el vocablo "papa" puede resultar bastante prolífico y acomodaticio

En nuestro idioma, la palabra "papa" no es tan sencilla ni tan "papaya" como podríamos imaginar. Semánticamente, resulta mucho más compleja de lo que aparenta. La papa es una planta y un tubérculo alimenticio, pero —aunque a veces se la considere un poderoso "re-constituyente"— hay papas que no  necesariamente sirven como alimento. En la península ibérica prefieren mayoritariamente la designación de "patata" y, de tanto que la cultivan y la explotan gastronómicamente, muchos españoles suelen creer que desde siempre ha sido parte de su cultura e ignoran que les llegó de Suramérica. Quienes saben de estos asuntos comentan que hubo lapsos durante los cuales los peninsulares rechazaban todo lo que oliera a "papa", debido a que la consideraban transmisora de la lepra. Se dice además que fue el pirata Sir Frances Drake quien la llevó a Irlanda y, desde allí, se esparció por toda Europa. Hay noticias de que los llamados "hijos de Putin", o sea, los rusos, están actualmente entre los primeros productores mundiales de papas.

Como alimento mundial de primer orden, el nombre y la prosapia de esta planta están fuertemente imbricados con modismos y otras manifestaciones verbales.  A ciertos problemas o asuntos que nadie quiere asumir por considerarlos complicados o comprometedores, suele calificárselos de "papa caliente". Sospecha mi tía Eloína que es lo que debe estar ocurriendo estos días entre diferentes facciones del gobierno; aunque desde afuera se ve clarito, no consiguen a quién achacarle la papa caliente de ya no poder arrastrar a sus marchas tantas personas, como ocurría en otros tiempos. Según el Diccionario de americanismos (2010), para uruguayos y argentinos, una mujer hermosa puede ser catalogada como "papa", pero también un mexicano o un chileno  podrían indicarnos que se asocia con "mentira". En algunos países centroamericanos es equivalente a dinero: "por mucho aumento que se haga, el mes que viene estaremos sin papa para comprar la papa". También en México, la expresión "ser alguien una papa" es utilizada como sinónimo de "inepto" ("Ese caballero es una auténtica papa"); en tanto, en El Salvador, es coloquialmente sinónimo de pene. Un paraguayo podría afirmar que tener un puesto público y aprovecharlo para lucrarse es una papa. Más allá de lo que puedan creer los aficionados a la comida rápida, en algunos países hispanoamericanos, la expresión "papa frita" sirve también para designar a personas tontas o lerdas, lentas en la comprensión de lo que está pasando y hasta ingenuas.

En Cuba, la locución "papa suave" alude a algo que se obtiene de otro sin demasiado esfuerzo, con mucha facilidad, "chuleándolo" (por ejemplo, una papa suave podría ser el modo como algunos países caribeños han venido proveyéndose de petróleo venezolano). Con otra acepción diferente que la relaciona con la comida, en Venezuela llevamos ya varios años padeciendo dificultades para  "meterle a la papa". A cualquier persona opuesta al gobierno se le ha puesto la "papa dura" desde hace tiempo, pero si tiene familia enchufada sabe que la susodicha solo está disponible para quienes militan en el oficialismo y, en consecuencia, disfrutan de la "papa diaria", porque la tienen "papita" e incluso reciben la "clapapa" en sus casas. Por eso son los únicos que están "papeados".

Como toda dictadura suele generar desde el seno de su propia atrocidad un vocabulario macabro que la identifica, mi parienta me ha recordado que durante la época oscura de Juan Vicente Gómez, el término "papa" se utilizaba para calificar a los presos políticos que ingresaban por primera vez en la tenebrosa Rotunda. Si rescatáramos ese significado, hoy sería de uso mucho más que frecuente, aplicado en los múltiples presidios que albergan disidentes del gobierno.

El "mataburros" aclara que también se habla de "papa" cuando nos referimos al "sucesor de san Pedro" en el planeta Tierra, es decir, al "papaúpa" de la Iglesia católica en todo el mundo. Cuando se habla de alguien que ocupa ilegítimamente el cargo se le llama "antipapa".  Entre los jesuitas se habla de un "papa negro" para referirse al sacerdote encargado de presidir esa congregación. En cuanto al prelado ocupante del Vaticano, hay que dejar claro que, independientemente de ese altísimo y sacrosanto escalafón, su designación puede escribirse también con minúscula inicial, sin temores a que quien ejerce el cargo o sus acólitos se ofendan. Y, como suele ser el mediador más que autorizado entre los hombres y el cielo, no faltan quienes asuman que una palabra suya bastará para sanar las fuertes heridas terrenales que algunos regímenes generan en la población civil, indefensa y desarmada.

 No es entonces una "papa pelada" despachar este vocablo de un plumazo. Intentarlo sería querer ser "más papista que el papa". Si algún alto funcionario público tiene problemas de dicción, de léxico, de sintaxis, de carácter, de personalidad, de megalomanía e intenta convencernos de la necesaria participación del papa en los conflictos del país, deberíamos hacernos los locos y aparentar que no entendemos "ni papa". Finalmente, se precisa no confundir "papa" con "papá". Esta última voz es aguda y alude al progenitor biológico, —como diría un gramático— la otra es grave y, por ser tan prolija en sinónimos populares, no siempre conduce al significado que deseamos.

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