domingo, julio 10, 2016

DE BOLERO QUE SÍ



A veces cambiamos las letras de los boleros reproduciendo no lo que escuchamos, sino lo que creemos oír

El bolero es un género musical cuya composición verbal podemos apreciar mucho más allá de las implicaciones sociales vinculadas a factores tan cotidianos en nuestro medio tropical como el (des)encanto o desengaño, la cornamenta, las traiciones amorosas, los tragos y la rocola. Es verdad que bolero y (des)pecho son hermanos gemelos, pero hay algo más. Si no deja de ser cierto que algunas letras reflejan un cierto nivel de lo que muy subjetiva y superficialmente se denomina «cursilería», lo cursi no siempre fue tal cosa y, aun si lo hubiere sido, a veces es sabrosamente válido. Apelando precisamente al derecho universal que los seres humanos tenemos a la cursilería, a veces nos tomamos la libertad de repetir las letras como creemos haberlas escuchado.
A muchos nos ha ocurrido que luego de haber tarareado alguna canción popular por muchos años, un día descubrimos que hemos estado repitiendo la letra de manera equivocada. Recuerdo, por ejemplo, un famoso bolero intitulado Únicamente tú (del mexicano Manuel Acuña), que, entre otros, popularizó Felipe Pirela. En alguna parte de esa pieza dice “mas no tornes en quimera esta ilusión”. Si usted aprendió esa letra cuando era un imberbe que todavía llevaba la alhucema en el ombligo (el dicho es de mi tía Eloína), pues seguramente repitió muchas veces cualquier cosa menos la expresión que he citado arriba. Ello podría obedecer a la coincidencia en un solo verso de palabras tan poco frecuentes como “tornes” y “quimera” (valga una versión de ese verso localizada en un antiguo cancionero: “mas no tomes en carrera esa ilusión”).  
De manera que cuando alguien escucha ese tipo de melodías populares construidas mediante una sintaxis antediluviana  o que contienen  vocabulario desconocido, poco usual, anticuado, pues no le queda más remedio que ceñirse a lo que cree haber captado. A su vez, otro aprende aquel tarareo equivocado,  lo repite y así va corriendo la “interpretación” fallida de la letra, hasta que se hace costumbre y así se queda. Basta revisar algunas páginas que reproducen letras de boleros en la Internet para darse cuenta de este fenómeno.
Hay, por ejemplo, otro célebre bolero intitulado Amor se escribe con llanto (del compositor colombiano Álvaro Dalmar) en alguna parte de cuya letra dice lo siguiente: “tu querer fue cariño como de santo, tibia luz en las noches de mi extravío”. Mi tía Eloína jura que más de una vez ha escuchado y leído esa expresión como  “su querer fue cariño como de santo, y dio a luz en las noches de su extravío”.
Y ocurre eso porque el carácter de discurso colectivo del bolero, sujeto a los vaivenes de lo popular, lo conduce a sufrir  modificaciones similares a las de la literatura oral o a la repetición de los chistes y de los chismes. Técnica del rumor la llaman. Hay expresiones que, si bien son parte de alguna pieza conocida, pueden resultar a veces incomprensibles, desusadas, ilógicas o fáciles de confundir fonéticamente. Detectamos, por ejemplo, algunos cambios en ciertas canciones que, si bien parecen insignificantes, distancian el contenido de lo que fue la intención inicial de sus creadores. Veamos algunos ejemplos que ilustran esta situación; primero la supuesta versión original, luego la versión modificada:

“fuiste tan sólo quimera sin alma ni corazón…” (Aquella tarde, Fernando Lecaros, chileno)
  fuiste tan sólo ramera sin alma ni corazón…
“…como hiedra del mal te me enredaste…” (Hipócrita, Carlos Crespo, mexicano)
   …como fiera del mal te me enredaste
El intérprete (o el oyente) trata de “acomodar” la letra de acuerdo con su intuición, lo que se trasladará luego al colectivo. Qué no podría ocurrir cuando escucha usted una expresión tan sonora y rebuscada como “… tu voz tan cristalina, tan suave y argentada de ignota idealidad” (Longina, del cubano Manuel Corona).
Compiladora de estos gazapos de origen auditivo en sus ratos de ocio, mi tía Eloína tiene una cantidad tal de muestras de esta naturaleza que le servirían para una futura enciclopedia del disparate. Ella asegura que cuando alguien canta Voy a apagar la luz (de Manzanero), pues quizás imagine que alude a la diligencia de poner al día la deuda con la empresa de electricidad (“voy a pagar la luz”, aunque entre nosotros este servicio sea tan deficiente, hay que bajarse igual cuando llega la cuenta).

No falta quien jure que el bolero Plazos traicioneros (de Luis Marquetti) no se llama así sino Lazos traicioneros. Mi parienta me ha pedido incluso que cierre con un caso para ella emblemático, por lo que implica la falsa interpretación que se ha hecho de un verso del bolero Lágrimas negras, cuyo autor es el cubano Miguel Matamoros. La letra original dice en alguna parte “sufro la inmensa pena de tu extravío”.  No me había dado cuenta, pero en mi familia aseguran que cuando yo repito eso bajo la ducha lo que digo es “sufro la inmensa pena de tu estrabiiismo”. 

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Publicado originalmente en www.contrapunto.com (13 de marzo de 2016)
Imagen: Cheo Hurtado, músico y bolerista venezolano.
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