martes, mayo 01, 2018

Cerofobia / cerofilia





Independientemente de que sea par o impar y, aunque a veces luce como un óvalo, el cero se ha convertido en Venezuela en un círculo vicioso

"La suma total de los aciertos a veces es cero y se confunde con lo correcto".

Hay frases que, sin que sepamos de dónde provienen ni por qué surgieron,  parecieran existir para presagiar realidades que se repiten en diferentes momentos de la historia. Quizás pocos la conozcan o recuerden pero esta con que hemos iniciado la duda de hoy es una de ellas. Al parecer es anónima. A propósito de tan acertada premisa, desde hace algunos años, en Venezuela, no pegamos una con ese fatídico ejemplar en que se ha convertido para nosotros el cero. Como diría el escritor francés Víctor Hugo, aquí, cualquier número será cero ante el infinito. Es decir, para los venezolanos mortales comunes y corrientes, ahora ninguna cifra monetaria vale nada. Y si en algún momento logramos tomar un airecito con nuestro pírrico salario, será lo que algún hablante refinado califique como un "viento gástrico en una red" (traducción popular: "un peo en un chinchorro"). Basta una mínima fracción de tiempo para que desaparezca cualquier pequeño logro. Esa cifra que forma parte de lo que se denomina el sistema binario, se ha convertido en una oscura mancha negra de nuestra existencia cotidiana: cero medicinas, cero alimentos, cero seguridad, cero servicios,  cero cordura...  Genera actitudes contradictorias en algunas personas: si lo necesitan en su cuenta bancaria alimentada con fondos impropios, desearán aumentarlo a la ene potencia (cerofilia), pero cuando comienza a multiplicarse en predios que restan votos, se decreta su aniquilación (cerofobia).

Al momento de definirlo, el Diccionario de la lengua española contiene seis acepciones. Destacan entre ellas la primera, que alude a su nulidad absoluta (cualquier cosa multiplicada por cero es cero) y la cuarta, útil para calificar situaciones particulares relacionadas con la nula consecución y éxito de algo, como cuando decimos que un gobernante, parlamentario u ocupante de un cargo público ha tenido "cero aciertos" en sus propósitos.

Se ha dicho además que para algunos es un número y para otros no, porque supuestamente es "vacío". Hasta en su origen es curiosa la palabreja.  Su nacimiento en la matemática también es ambiguo: no se sabe si su cuna fue Babilonia o la India. Dicen los filólogos que llegó al español por la vía del italiano y a este desde los predios del bajo latín, en el que se coló del árabe, que a su vez lo absorbió del sánscrito. Trayecto que ha sido para nosotros una especie de castigo infernal.  Como por arte de una inmerecida maldición, todos los días se suma un cero a la diestra de nuestro bolsillo y a la siniestra de nuestro salario. En el lenguaje coloquial tampoco tiene muy buena reputación: por ejemplo, "sacar cero" en los predios académicos es casi equivalente a pertenecer a la escoria estudiantil; son harto peligrosas las temperaturas climáticas bajo cero; para referirse a alguien despreciable, ruin, mala gente o abominable, mi tía Eloína suele decir que ha sido o es "un cer(d)o a la izquierda".

Tiene alguna familiaridad sonora con el término "cerebro", pero dicho parecido es un espejismo. La verdadera asociación vendría porque su forma ovalada o redonda simula un cerebro sin nada, totalmente hueco o, si contiene algo, al menos en la cabeza de algunos o algunas, será solamente cerumen. Se puede aceptar que nos lo asignen en un examen escolar, pero no en uno de sangre. Aunque en ambos casos el resultado es poco deseable, con el primero nos ganaremos el calificativo de sinvergüenzas y vagos; con el segundo, podemos pasar el páramo, pelar bola, dejar el pelero en este mundo.

A despecho de muchos matemáticos, Venezuela parece ser uno de esos lugares donde no es un "número natural" sino, más bien, desnaturalizado. Durante las dos últimas décadas ha lucido más que todo como un maleficio. Cada vez que, en relación con la moneda y para desgracia nuestra, comienza a multiplicarse fatídicamente delante de sus colegas, los otros números, pues se acude a algún brujo de la economía que, como si estuviera en una sesión de santería cubana, inicie el ritual para quitarlo de ese lugar, con lo que prácticamente, de nuevo, la vida de la nación debe comenzar de cero. En tales casos, antes que "conjunto vacío", como lo definen los manuales de aritmética, aunque se asemeja más a un óvalo, debería llamársele "círculo vicioso".

En fin, en nuestro país, el cero ha vencido la norma que aprendimos en la escuela;  para quienes vivimos del trabajo real, ya es inútil tanto a  la izquierda como a la derecha. Imposible no dudar de su total y absoluta nulidad. Según mi parienta, en español hay muchas otras palabras curiosas a las que pudiéramos asociarlo fonéticamente, porque contienen sus dos sílabas: ce-ro. De vez en cuando, parte de ese vocabulario  podría servir en el imaginario colectivo para calificar negativamente a ciertas personas, sobre todo aquellas que recurrentemente y exprofeso nos hacen daño. Aquí queda una breve lista en orden alfabético, por si alguna vez usted la necesita para desahogarse:

Alabancero: adulante, lisonjero, principalmente con los poderosos.
Arrocero: quien busca siempre colarse donde no lo invitan; es decir, que si le cierran la puerta, aspira a entrar inescrupulosamente por la ventana.
Calabocero: adicto a los calabozos ... pero cuando son para otros.
Carnicero: cruel, inhumano, que no se conduele ante el sufrimiento de nadie.
Chapucero: tosco, ordinario, grosero, soez y, para colmo, mentiroso.
Chucero: armado permanentemente de un maléfico chuzo para castigar a los adversarios.
Hechicero: practicante de la hechicería, es decir, santero chimbo y malintencionado.
Matancero: descuartizador de reses (y de la esperanza colectiva).
Sobrancero: obeso, excedido en peso, porque se come todo lo que niega a los otros.
Trapacero: tramposo que recurrentemente engaña a sabiendas de que lo hace.

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Publicado originalmente en www.contrapunto.com (01-04-2018).
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