No son pocas las veces que mi tía Eloína y yo hemos aludido a la recurrente repetición del lamento borincano que ha caracterizado a la narrativa venezolana, desde los inicios de nuestra literatura. Una "buena parte" de nuestros narradores y críticos se han pasado la vida (y la escritura) percibiendo y divulgando las quejas recurrentes y llantos apagados pero punzantes de la otra “mala parte”. Hemos sido entonces un país de quejosos impenitentes, perceptibles en el espacio latinoamericano porque muchos casi nos hemos empeñado en mostrar aquello que no somos. Bastante que he tratado ese tema en mi libro la negación del rostro (Caracas, Monte Ávila, 2005). De modo que sólo lo asomo aquí como párrafo introductorio y hasta allí lo dejo, precisamente para evitar nuevos lamentos. Alguna vez hasta se calificó a la nuestra como una “literatura de la Atlántida”. Por supuesto, con su respectivo Aquaman, listo para sacarnos del marasmo.
En ese maremagnum de despojos y antojos, para el resto del universo hemos devenido en un espacio latinoamericano sin aparente rostro literario propio. Una de las principales razones que se aducen es que nuestro proceso interno es débil y muy limitado a lo nacional. Presuntamente, no escribimos para el mundo, sino para nosotros mismos.
Sin embargo, hay que decir también que en estos tiempos de convulsión política y social, no nos alcanza el tiempo ni siquiera para leer toda la narrativa escrita por venezolanos que se está publicando en el país y fuera de él.
Como que soplan en estos días buenos aires para nuestra novelística y cuentística.
Posiblemente los dos acontecimientos más notables del año sean la concesión del Premio Nacional de Literatura a Renato Rodríguez y el reciente Premio Herralde que ha ganado uno de nuestros más jóvenes y promisorios narradores: Alberto Barrera Tyszka.
Aunque algo tardío, porque lo merecía desde hace mucho tiempo, el Premio para Renato es el reconocimiento a una silenciosa labor de escritura absolutamente ajena a cualquier pretensión de gloria ni búsqueda de notoriedad. Lo he dicho en otras ocasiones, Rodríguez es el topo de nuestra narrativa, autor silencioso (y silenciado) de una obra legible en cualquier espacio latinoamericano: plena de un humor y sarcasmo que ya quisieran para sí muchos otros escritores. Vale la pena releer y reeditar en estos tiempos su obra, de la cual recomiendo especialmente las novelas Al sur del equanil (1963), El bonche ( 1976 ), ¡Viva la pasta! O las enseñanzas de Don Giuseppe (1984) y La noche escuece (1985).
En cuanto a Alberto Barrera Tyszka, su premio Herralde 2006 (con la novela La enfermedad) es una recompensa a la perseverancia, a su callada actitud de permanente trabajo también sin alharacas ni artificiales poses divescas, sobre todo, en un país que cada vez que puede -y por razones ya casi genéticas- desprecia su propia literatura. Este nuevo premio para nuestra narrativa, nos recuerda los tiempos en que Adriano González León se hizo con el Seix Barral en 1968. Este reconocimiento seguramente facilitará una vuelta de mirada de la crítica internacional hacia nuestro pequeño territorio literario, mirada que seguramente estará despojada de los roces y cercanía de las percepciones y aberraciones locales, no pocas veces suspicaces y perspicaces, como suele ocurrir en todos los países. En narrativa, Barrera Tyszka, que no es pariente de mi tía Eloína pero sí muy admirado por ella, es autor de una magnífico libro de minicuentos (Edición de lujo, Caracas, 1990), y hay que repetirlo sin complejos, digno integrante de la prosapia y maestría que en este renglón ocupan los textos de Augusto Monterroso y Juan José Arreola. También había publicado antes otra interesante novela ( También el corazón es un descuido, Plaza y Janés, México, 2001).
Otros indicios importantes para el optimismo son la premiación de un joven autor en el certamen de cuento más longevo y promisorio del país. En el Concurso de Cuentos del diario El Nacional (existente desde 1946, con altibajos y hasta con varios ganadores de quienes más nunca se supo, pero siempre interesante para medir el (im)pulso de nuestra cuentística) nos sorprendió un relato que es un digno homenaje a otro de nuestros más lúcidos e impecables narradores nacionales (Francisco Massiani). El cuento se titula Los golpes de la vida y su autor es un joven profesor universitario: Rodrigo Blanco Calderón. Está en la página www.ficcionbreve.org para quienes se interesen.
Sumemos a esto que este año dos reconocidos periodistas y narradores ganaron otros dos importantes certámenes nacionales de novela, que también rinden tributo a los epónimos que les dan nombre: Salvador Garmendia y Adriano González León. Respectivamente fueron Eloy Yague (con su novela Cuando amas debes partir) y Héctor Bujanda (con la obra La última vez), ambas obras curiosamente ambientadas en acontecimientos de nuestra más reciente historia política. La primera será publicada por Planeta, la segunda por Norma.
Otras obras que resaltan en medio de este optimismo son las novelas Corrector de estilo (Milton Quero Arévalo, Norma, 2005), Crónica Caribana (Mercedes Franco, Alfaguara, 2005), Los cristales de la noche (Carlos Noguera, Alfaguara, 2005), La dama del segundo piso (Cristina Policastro, Alfaguara, 2006), No habrá final (Roberto Echeto, Alfadil, 2006) y La balada del bajista (Judit Gerendas, Monte Ávila, 2006).
Y lo más reciente: dos antologías de excepción: La primera recoge a un grupo de escritores y escritoras que se estrenan con el mejor de los augurios en el oficio narrativo: Narrativa venezolana de la urbe para el orbe (Ana Teresa Torres y Héctor Torres, Alfadil, 2006); la otra es una imponente selección de veinte narradores y narradoras nacidos en la década del sesenta, compilada por Antonio López Ortega: las voces secretas (Alfaguara, 2006).
Toda, sin duda de ninguna naturaleza, narrativa venezolana para el mundo.
Como que es tiempo de que comience a desaparecer por fin ese “rollo que no cesa” relacionado con nuestras lamentaciones literarias.
miércoles, noviembre 08, 2006
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12 comentarios:
Sin duda, el momento de nuestra narrativa luce interesante; también, el auge del mundo editorial venezolano.
Como todos los de la "tribu", estoy contento por el Premio de Barrera Tyska y con el ambiente que se respira, pese a la contaminación política. Celebro, asimismo, el resurgimiento de "La duda melódica". Albricias, maestro.
Para los que nos empeñamos en consumir lo que se produce en nuestro país (físico o espiritual) en materia literaria, sin duda es una alegría ver cómo Barrera Tyszka logra tan importante premio. Es de esos autores que uno lee "por casualidad" e invariablemente te dejan un "buen sabor". La interrogante sería, ahora que lo menciona, si no correrá la misma suerte de nuestro Adriano de quien, acá en España, los libreros y algunos profesores se preguntan "quién diablos es ese tal González León -¿venezolano, dice?- que alguna vez se atrevió a ganar el Seix Barral". Salud buena y larga vida a la literatuta venezolana...
Excelente. La verdadera falla de la narrativa venezolana ha sido la falta de apoyo de los medios de comunicación impresos, que se niegan a publicar crítica literaria. Mediante estos premios y estos blogs estamos ganando la pelea.
Eduardo Casanova no puede tener más razón. Sin embargo, yo añado lo siguiente: quienes intentamos escribir desde la provincia vemos que nuestro trabajo se multiplica considerablemente. Primero tenemos que darnos a conocer en Caracas, después en lo internacional. El interior del país está más que olvidado, y quienes nos esforzamos aquí la tenemos muy dura.
Alberto Quero
(Maracaibo)
Ante nada quisiera comunicar mi alegría por la aparición de La duda melódica. Al igual que Carlos Sandoval, celebro la existencia de este nuevo blog, ya que creo que tambien esto es una clara indicación de buenos nuevos aires en nuestra literatura. Por otro lado, me parece importante un nuevo espacio de reflexión sobre el oficio literario ya que la crítica literaria en nuestro país ha estado muy circunscrita a los ámbitos universitarios y parecía encerrada en si misma.
Este tema que pones en el tapete es fundamental por muchas razones, la principal de las cuales es, a mi juicio, que ya basta de cuchichear y, sobre todo, de hacerlo negativamente. Estamos escribiendo y publicando obras excelentes; vivimos un momento privilegiado editorialmente hablando. Démoslo a conocer. Hay mucha curiosidad afuera por saber qué es lo que se está haciendo literariamente en nuestro país y esta es una excelente coyuntura para darnos a conocer más allá de personalismos egoistas, más allá de diatribas políticas.
Colaboremos para que así sea. Bienvenido a la blogosfera!
Ya el resurgimiento de La duda melódica en formato blog es una excelente noticia, que dice del estado en que nos encontramos. La ausencia de apoyo de los medios impresos y la construcción de una red no gubernamental espontánea (organizaciones, páginas web, espacios de encuentro, programas de radio) junto a una incipiente pero muy sana industria editorial con todos sus eslabones activos (autores, editores, libreros y lectores), a contracorriente de las ideas del sector oficial al respecto; han contribuido a crear esa plataforma que ha hecho posible esta seguidilla de buenas noticias. Ya no será un hecho aislado, como el caso de Adriano en aquel 68, sino un momento construido con perseverancia que va a dar mucho de qué hablar. Y el caso de Barrera Tyzska es notorio porque pasa a una editorial "grandes ligas", pero ya otros venezolanos han estado apareciendo en pequeñas editoriales españolas, lo que dice que nuestra presencia internacional será un hecho paulatino pero sólido. Bienvenido, enred@do amigo, a la blogósfera.
Felicitaciones por este nuevo blog que intuyo se orientará a la difusión de la literatura venezolana que recientemente una profesora de la USB calificó despectivamente de "divertida". Lo que demuestra ahora con los premios obtenidos, con las nuevas iniciativas editoriales, con la seducción de nuevos lectores, especialmente jóvenes, es que los escritores venezolanos, especialmente los narradores, están logrando por primera vez en muchos años estar en sintonía con la gente. En este momento nadie puede ignorar la literatura venezolana. Hay un florecimiento de la novela como género y un renacimiento e general de nuestras letras. Y gracias a blogs como éste se recuperan los espacios críticos que se perdieron en los mezquinos diarios de circulación nacional. ¡Salud, vista y al toro!
Felicitaciones, Luis. Como la mayoría, opino que la existencia de La duda melódica en el ciberespacio es una excelente noticia para la literatura nacional (para creadores y críticos). Dada la conocida carencia de espacios impresos, espero que tu iniciativa estimule a otros críticos a desempolvar sus textos.
Barrera, ...quejosos impenitentes...en la literatura estoy de acuerdo, pero hay muchas razones para la "llorantina" perpetua...en lo otro. Te seguiré leyendo, maestro.
Felicidades por la apertura de este blog, que crezca, que haya constancia.
Saludos
Alberto Barrera, felicitaciones!
por el premio Herralde a la Novela La Enfermedad, que ayer lo comencé a leer y ayer mismo por la misma emoción del relato y la forma de narrativa no me pude contener y lo terminé de leer.
excelente trabajo, excelente narrativa de una novela que a muchos nos ha tocado vivir...
Lei Nuevos aires para la narrativa venezolana en tu blog y aparece una informacion relacionada con el cuento Golpes de la Vida, dice que aparece completo en la pagina www.ficcionbreve.org y no lo pude conseguir, ¿Podria usted indicarme la manera de acceder a ese cuento? Mucho sabria agradecerlo.
Saludos,
Julio Cesar Borges Osorio.
julborges@gmail.com
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