martes, diciembre 26, 2017

(A)paleando palabras



Mínimo glosario de términos que suenan y resuenan en las redes y otros medios

No es parte de ningún diccionario oficial (todavía), pero en Venezuela suele utilizarse el vocablo "manguangua" para referirse a algo que resulta relativamente sencillo, viable, sin esfuerzo. Solemos decir que a alguien "le gusta la manguangua" cuando sospechamos que evade cualquier asunto que implique mucho trabajo, que lo engolosina "la papa pelada". Según la sabiduría popular, alude a un tipo de yuca o tubérculo que, al momento de la cosecha, se puede extraer de la tierra con mucha facilidad. Hay un verbo parecido, "manguarear", este sí que aparece registrado en el Diccionario de la lengua española y es académicamente aceptado como de uso venezolano; su significado más genérico es "holgazanear".  Entre los desvaríos mentales de mi tía Eloína aparecieron  de súbito ambas palabras cuando escuchó que quien sustituiría al longevo dictador de Zimbabue  es de apellido Mnangagwa.  Aunque nada tienen que ver entre sí, porque se trata de voces de lenguas muy distintas y distantes, la similitud fonética con los venezolanismos referidos la puso capciosa. De manera que no dudó en pensar que al zimbabuense señor Mnangagwa el "ascenso" al poder le ha resultado una auténtica manguangua. Pura "zinbuenbenzura", pues.

Aunque tampoco está "oficialmente" aceptado por las academias, "marico" es de uso general en Venezuela desde los tiempos de Maricastaña. No obstante, de un tiempo para acá, incrementó con muchos bríos su frecuencia en el habla de nuestros jóvenes. Obviamente está ampliando su rango semántico porque ahora es de uso popularísimo en la comunicación oral y cibernética de los chamos. Todos y todas lo usan como vocativo, para atraer la atención del interlocutor durante sus encuentros coloquiales: "
                —Marico, ¿por qué no viniste ayer a clase?
                —Bueno, marico, porque estaba full cansado.
                —Pero, marico, me hubieras avisado, para no embarcarme, marico.
                —Marico, es que me quedé sin pila, marico.... 

Lo curioso es que aquí parece tener poca cabida la propuesta "inclusivista" de que diferenciemos entre "maricos y maricas": indistintamente se la utiliza casi siempre en masculino, no importa si el otro participante es caballero o dama. Aunque en ocasiones utilizan el femenino, a veces, las chicas también se dicen unas a otras "marico". Acudiendo a un pleonasmo también "burda de usado" en las charlas juveniles, las y los escuchamos todos los días en los pasillos de la universidad "con nuestros propios oídos" (no con los de otro u otra, marico).

Según el "mataburros", el verbo "beneficiar" significa en algunos países hispanohablantes "descuartizar y vender una res u otros animales al menudeo". E inmediatamente nos aportan el ejemplo: "pollo beneficiado". Siempre se ha preguntado mi parienta en qué beneficia a una indefensa criatura de esas que la envíen al otro barrio y la desposten para utilizarla como alimento. Quien realmente se beneficia en esto es el consumidor. Como ocurre con los aumentos salariales en tiempos de hiperinflación, ante la voracidad comercial, el presunto beneficiado siempre sale perdiendo.

Con base en la noticia de un periódico gubernamental, un comentarista escribe  que se "destornilla de la risa" cuando lee que en Venezuela cesará la especulación porque ahora habrá "precios acordados". Ni desatornillarse ni destornillarse; la gente normal se "desternilla de la risa". Obviamente que es una exageración, pero lo que quiere decirse con esto es que cuando nos reímos con mucha intensidad, corremos el riesgo de que se nos rompan las ternillas; o sea, los cartílagos que sostienen las mandíbulas. De paso, si el declarante que provocó el comentario se "desatornillara" de su cargo como que saldríamos ganando.

Abunda  en estos días el uso inadecuado de "espureo-a". Desde hace algunos meses, a diversos adictos al tuiteo indiscriminado se les ha ocurrido utilizarla con tanta frecuencia que ha llegado a ojos de hablantes públicos desprevenidos y, confiados en que la escritura es verbo sagrado, algunos no han dudado entonces en repetirla tal y como la han leído. Les suena bien, con garbo y con pegada, pero han incurrido en el mismo fallo de quienes la corrigen equívocamente. Si de verdad esa fuera su grafía correcta (que no lo es), habría que colocarle una tilde ("espúreo/espúrea"), por lo cual cometen un gazapo doble: se la escribe mal y encima no se la acentúa. El fenómeno se llama ultracorrección y consiste en pasarse de culto y reajustar una expresión correcta a la que se considera fallida.  Igual que si dijéramos o escribiéramos que el mejor "bacalado" de "Bilbado" se consigue en una pescadería de "Chacadito". Si la idea ha sido referirse  a algo cuyo origen es presuntamente ilegítimo, el término adecuado debería ser "espurio/a". Lo mismo aplica cuando en un artículo de un reconocido economista leemos la palabra "palear", como sinónimo de "mitigar". Debería haber escrito "paliar", porque la primera se usa para referir el trabajo ejecutado con una pala.


A  ese curioso dispositivo que sirve para procesar pagos lo llamamos en varios países "punto" (simplificación de "terminal punto de venta"). Al menos en Venezuela, está visto que no siempre funcionan, pero la carencia de efectivo ha llevado a muchos pequeños comerciantes a valerse de ellos. Con ese adminículo y el ingenio lingüístico tiene que ver este párrafo de cierre.  En una importante avenida de Caracas leemos un letrerito cuyo contenido nos gustaría que se aplicara cuando se trata de asumir políticas que de verdad le pongan freno a este desbarajuste en que se ha convertido la economía. A propósito de atraer clientes para su producto, lo ha colocado un vendedor ambulante de la urbanización Santa Mónica. El avisito reza muy explícita y ambiguamente:  "Aquí hay huevos... y punto".
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Publicado originalmente en www.contapunto.com (3 de diciembre de 2017)
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