domingo, marzo 15, 2015

COLECTIVOS ¡TODOS A UNA!



Compleja es la tan repetida palabra colectivo.  Pedantones declarantes no tienen a veces ni la más pura idea sobre su variabilidad semántica. En nuestro medio, la cháchara popular y algunos poco púdicos hablantes públicos (gobernantes, periodistas, parlamentarios, voceros políticos, entre otros) han llevado el término a un desgaste tal que pronto terminará significando cualquier cosa. Sin embargo, ya el vocablo forma parte de lo que la psicología junguiana llamaría nuestro inconsciente colectivo.

La definición que aquí más nos interesa es la tercera que da el Diccionario de la Lengua Española (DILE): «Grupo unido por lazos laborales, gremiales, etc.». En el etcétera cabe todo, naturalmente, y de allí la ambigüedad.  Desde  su modesta cuna latina, la raíz primaria del vocablo estaría en otro que casi parece una marca de perfume: collectio (colección, agrupación), del que colectivo y colectividad son algo así como dignas «descendientas», quizás nietas. Igual que lo es «colectivismo». Todas constituyen una familia y remiten a conjunto o conglomerado.  Un colectivo social es también una familia que puede ser muy bienintencionada o bastante descarriada y perversa.

Una reunión de condominio es, por ejemplo, un despelotado colectivo en el que todos creen tener razón y cada uno quiere gritar más que los otros. También es un colectivo un autobús repleto de pasajeros asustados cuando están pasando por alguna zona a la que consideran peligrosa. Palabras como recua (conjunto de bestias de carga), bandada (de pájaros), piara (de cerdos), cardumen (de peces) son gramaticalmente sustantivos «colectivos». La mojigatería ha llevado a que ahora a ciertos colectivos (relacionados con el mundo virtual) los llamen sifrinamente «redes sociales». A las fúricas reacciones del pueblo, cuando se le ocurre no calarse más algo que le imponen desde las altas esferas gubernamentales, empresariales o celestiales,  suelen llamarlas «histeria colectiva».

También se usa la palabra en otros países como sinónimo de colecta, para aludir a los aportes que hace un grupo al ofrecer un regalo a alguien. Lo mismo que nosotros llamamos «vaca» y los españoles «derrama», recurso al que ahora debemos  apelar cuando necesitamos de las novedosas expendedoras de productos básicos que son los colectivos de los llamados trabajadores informales (vulgo: buhoneros, mercachifles, quincalleros, feriantes o bachaqueros). También son colectivos siempre  muy activos y  desbocados por las ganancias  algunos grupos de empresarios; y lo son los raspacupos, los contratistas, los comerciantes formales... No dejan de ser un colectivo rapaz algunas cadenas de supermercados que sin piedad aprovechan la crisis alimentaria para, entre gallos y medianoche,  elevar a diario  los precios.


Tanto para quienes los han aupado como para otros, determinados  colectivos pueden ser una piedrita en el zapato o una bendición, depende. Porque los hay armados y desarmados, «almados» y desalmados. Mas si se les confronta, se enculebran. Como el de la obra de Lope de Vega titulada Fuenteovejuna, el lema principal de cualquier colectivo siempre será «¡todos a una!».

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Publicado originalmente en www.contrapunto.com (15-02-2015). Reproduzco aquí con permiso del editor.
http://www.contrapunto.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=15693:la-duda-melodica&Itemid=327
Imagen tomada de Google images.
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