miércoles, mayo 09, 2007

Terconomistas








A  mi amigo y excompañero de tiempos andresbellistas
 Luis Xavier Grisanti,
porque sabe mirar las curvas de la economía con humor.

Según mi tía Eloína, el mundo comenzó a girar de manera extraña desde el mismo día en que se fundó la Economía como ciencia. ¿Ciencia de qué? Pues de activos, de pasivos, de curvas que suben y bajan, de precios y contraofertas, de mercado y de mercadeo, en fin, de números y de acciones que suben e índices que bajan.
El prototipo del economista tropical que ha sido pasante del FMI o del Banco Mundial es un señor de corbata negra y rostro duro, lo que se dice un hombre aparentemente pasivo y circulante que vive hablando de activos fijos. Su mayor obsesión de espíritu parece ser la liquidez. No hay nada sólido ni gaseoso en su rutina profesional de bolsas y acciones. Suele hablar mucho de productividad, pero en ciertos casos solo pareciera producir recurrentes opiniones negativas acerca de los planes y proyectos presupuestarios en los que no ha participado.
Casi todo economista moderno es asesor o consultor de algo o de alguien. Vive de consulta en consulta y, entre una asesoría y otra, pues lee e interpreta cifras y presupuestos que casi siempre resultan en rojo para el común de la gente. Percibe en las encuestas y sondeos lo que nadie es capaz de captar. Y usualmente espera que nos quedemos con la lengua afuera, luego de escuchar sus pronósticos sobre ahorros, desahorros y gastos. Es decir, logra casi siempre que uno se sienta una caja de conversión de sorpresas.
Fije usted su atención cada vez que alguno de estos profesionales declare por la tele o por la prensa escrita y percibirá que, casi como fórmulas de encantamiento, dejan escapar como quien no quiere la cosa tres o cuatro términos que plasman al que escucha o al que lee:

“La hiperinflación traerá un déficit estanflacionario reversado por el superhábit de la indexación macroeconómica del gasto público”.
Es natural que al intentar descifrar este tipo de expresiones superespecializadas, termine uno creyendo que de verdad hay detrás un complejo mundo de teorías apretadísimas y métodos infalibles. Se imagina uno a sí mismo como un impotente gusanillo incapaz de consumir cálculos y expulsar números, un pequeño e insignificante cascajo que perecerá bajo las sesudas formulaciones salidas de los consultorios económicos.
Sin olvidar que un economista que se precie de serlo, uno salido de la propia Escuela de Economía de alguna institución gringa, como, por ejemplo, la de la Universidad de Chicago, no acepta ni que se le refute ni que se le discuta lo que a su propio parecer tantas neuronas le ha costado deducir. Algunos se ponen entonces tercos hasta el punto de enrojecer sus cachetes y comenzar a argumentar con el manual de Adam Smith o John Keynes en la mano.
Según mi parienta, esos, más bien deberían llamarse terconomistas.
Si vamos a la realidad y nos sentamos frente a nuestra propia situación de ciudadanos comunes y corrientes, pues encontraremos que mientras los más reputados economistas (que, por cierto en el caso venezolano siempre son los mismos en la radio, en la televisión, en los medios impresos y hasta en la Internet) hablan de ”libre mercado”, nosotros sentimos el peso de su léxico detonante cuando acudimos al “mercado libre”.
Y temblaríamos si sale alguno afecto a cualquier gobierno a decir que va a mejorar la situación porque suelen expresarse de retruque: algo andará mal en nuestras vidas cotidianas si algún economista vislumbra cierto “crecimiento de la economía”. Igual que pasa cuando dicen que la masa de dinero no está para bollo de gasto corriente, o que nuestro cuerpo mortal y pedestre no puede alimentarse con “dinero inorgánico.
Debemos aprender a interpretarlos y a saber que cuando dicen “crecimiento de gastos fijos” quieren decir “presupuesto hogareño en declive”. Economía, toda una ciencia que asusta, pues.

3 comentarios:

Antropóloga Nadir Chacín dijo...

Hola Luis, quería comentarte que ya salió el nuevo número de la Revista Buran. Contiene una traducción al italiano del cuento "La Valla" de Eduardo Liendo. Recomiendo para esta revista cuentos de escritores venezolanos y ellos se encargan de traducirlos. La dirección de la revista es: www.buran.it
Espero que puedas darle difusión a esta revista tan bien hecha y donde están apoyando a que se conozcan los cuentos de nuestro país. Te invito también a visitar mi blog sobre literatura venezolana hecho desde México: http://nadirchs.blogspot.com/
Cariños desde la tierra del nopal

Anónimo dijo...

Hola, profesor, le he venido siguiendo el hilo a sus apuntes en el blog desde que hice el reportaje sobre este nuevo formato disponible para la literatura. Al leer este post no dejaba de pensar que la retórica de los economistas me recuerda en ocasiones a la retórica de algunos críticos. Aquellos que parecen olvidar que podrían motivar a que el público lea más y con mayores elementos de juicio. Pero hasta que el lenguaje no sea seductor, pareciera que el lector le sacará el cuerpo a la crítica. Hasta tanto, no pueden poner cara de enojados en las conferencias cuando hablan del superávit en la cuenta corriente de Coello, que vende más que la Gaceta Hípica.

Un gran saludo profesor. Mucho éxito.

Simón González

Kevin dijo...

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